La ruta de los Sitios Reales I: Palacios Reales al norte de Madrid

Inauguramos una serie de rutas para conocer los Sitios Reales administrados por Patrimonio Nacional, comenzando por un conjunto de Palacios Reales situados al norte de la capital de España. Una jornada que aunará cultura, sensaciones moteras por las enrevesadas curvas de los puertos de montaña más característicos de la sierra norte madrileña y un picnic en pleno bosque del Palacio Real de Riofrío para celebrar la primavera como se merece.

Esta primera ruta dedicada a los Sitios Reales ha sido concebida en la inquieta mente de Luis Cabezas, uno de nuestros socios constituyentes más activos, que se encargará de colaborar en la planificación, organización y ejecución de la misma. Es todo un orgullo para AEMOTUR comprobar cómo poco a poco sus asociados van involucrándose en el proyecto común de promover el mototurismo a través de rutas con valor añadido.

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Aquí vemos la fantástica BMW 1200RT de Luis Cabezas, en una de las salidas previas para organizar la ruta con el máximo detalle

La planificación de la ruta será la siguiente:

[Fotos y texto en azul y cursiva extraídos de la web www.patrimonionacional.es]

  1. Punto de salida: Palacio Real de Madrid. Explanada entre la calle Bailén y la calle Requena. 8:00    Coordenadas 40°25’02.1″N 3°42’47.0″W

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El Palacio Real se asienta sobre el solar del antiguo Alcázar de Madrid, fortaleza medieval convertida en suntuoso palacio por Juan II, Carlos V y Felipe II, que lo convirtió desde 1561 en la residencia oficial de los reyes de España. El Alcázar, decorado espléndidamente por Felipe II y Felipe IV para cuya tarea empleó a Velázquez, fue destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734. Felipe V decidió construir entonces el nuevo Palacio Real, empleando al mejor arquitecto europeo de su tiempo, Filippo Juvarra. Cuando este murió en 1736 fue su discípulo Giambattista Sacchetti quien se encargó de realizar una adaptación de su grandioso proyecto. Todo el edificio está formado por bóvedas sin madera en la estructura y con muchas plantas, para que tuvieran cabida todas las oficinas del gobierno, los oficios de la Real Casa y los servidores. La primera piedra se puso en 1738 y la construcción no se acabó hasta 1751, aunque hasta 1759 prosiguieron tanto la decoración escultórica del entorno como las “obras exteriores”, siempre bajo la dirección de Sacchetti. Sin embargo, la realización de su proyecto sufrió por continuos replanteamientos y fue alterada por Francisco Sabatini, arquitecto de Carlos III, el primer monarca que habitó en el Palacio Real donde se instaló en 1764. Carlos III, que ya contaba con Corrado Giaquinto como pintor de la Corte cuando llegó a Madrid en 1760, decidió llamar a los otros dos pintores de mayor fama en Italia –y por tanto en Europa- para la decoración de su residencia: el veneciano Giambattista Tiepolo y el alemán, de formación romana, Antonio Rafael Mengs, su primer pintor de cámara. La sucesión de frescos pintados por estos maestros en las principales salas, y por sus discípulos españoles en las demás, constituye una de las características más importantes de esta residencia donde Carlos III y Carlos IV vivían solo ocho semanas al año: en diciembre, Semana Santa y parte de julio. El cuarto del rey Carlos III, que abarca los aposentos de este soberano ilustrado, conserva toda la decoración fija dirigida por Sabatini, uniforme en toda la planta principal: puertas y ventanas de caoba maciza; ricos mármoles españoles en embocaduras y frisos; estucos y frescos en las bóvedas. En el siglo XVIII, además, las paredes del palacio quedaban completamente cubiertas por los mejores cuadros de la Colección Real. El Salón del Trono y la Cámara llamada de Gasparini constituyen los conjuntos más representativos del gusto de Carlos III, apegado al estilo rococó en su versión italiana más exuberante. A Carlos IV se deben importantes conjuntos neoclásicos y piezas de mobiliario francés y a Fernando VII, la apabullante colección de arañas francesas en bronce y cristal. La última renovación decorativa a la que responde el estado histórico actual de la decoración se debe a Alfonso XII en 1879. A lo largo de la fachada de Oriente se extienden los aposentos de Carlos IV y María Luisa, donde han habitado los sucesivos soberanos hasta 1931. Estas salas son utilizadas habitualmente por S.M. el Rey para sus audiencias, pues el Palacio Real de Madrid continúa siendo la residencia oficial del Rey de España. La Real Armería, la más importante colección europea junto con la de Viena, ambas debidas a los Habsburgo, fue instalada junto al Alcázar por Felipe II y transferida al pabellón actual en 1891. También a Felipe II se debe la creación del Parque de Palacio, llamado Campo del Moro.

Los jardines del Campo del Moro: Una tradición romántica sobre la conquista cristiana de Madrid hace que se conozca popularmente como “Campo del Moro” el “parque de palacio”, creado por Felipe II cuando terminó el Alcázar e instaló la Corte en Madrid. Durante la construcción del Palacio Real en el siglo XVIII se idearon varios proyectos para sus jardines. José Napoleón mostró especial atención por este parque –ya que no podía desplazarse a los Reales Sitios- y encargó a Juan de Villanueva ordenar el jardín con paseos arbolados y unirlo a la Casa de Campo mediante un túnel y un puente, éste realizado ya por Isidro González Velázquez bajo Fernando VII. Isabel II ordenó en 1843 la completa replantación del jardín según proyectos del arquitecto mayor Narciso Pascual y Colomer que seguían un trazado formal aún hoy perceptible. Muy descuidado durante el Sexenio revolucionario, la reina regente María Cristina de Habsburgo encargó a Ramón Oliva una reforma de tipo paisajista con paseos de trazado curvo que, ligeramente modificada tras la Guerra Civil, constituye el actual jardín histórico.

2. Rodamos en moto hasta el Palacio Real de El Pardo, donde daremos un paseo por sus jardines y tomaremos un desayuno en la famosa «La Marquesita», degustando su excelente repostería tradicional.

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El monte del Pardo era apreciado como cazadero por los reyes de Castilla en el siglo XIV, y ya desde el XV existía aquí un pequeño castillo, edificado por Enrique III y Enrique IV en el emplazamiento del palacio actual. Carlos V ordenó su completa reedificación encargándosela a Luis de Vega, que realizó un pequeño alcázar tradicional español cuadrado con torres sobresalientes en las esquinas y todo rodeado por un foso, siguiendo el estilo plateresco castellano, como muestran la portada principal y las galerías del patio, donde los escudos y emblemas evocan al Emperador. El palacio fue terminado por Felipe II, que introduce aquí por primera vez las techumbres de pizarra a la flamenca, con altos caballetes y chapiteles, y que decora su interior al modo italiano con importantes frescos y con la galería de retratos, donde se reunían obras maestras de este género debidas a Tiziano, Antonio Moro y sus discípulos. Pero un incendio en 1604 destruyó completamente toda esa decoración salvo la sala de Gaspar Becerra en la torre suroeste. Felipe III encargó la reedificación a Francisco de Mora e intentó mantener el espíritu de su padre con abundante decoración al fresco, destacando entre los conservados los techos de Carducho y Cajés. A su vez, Felipe V alteró completamente el interior para poder albergar a toda la corte, puesto que vivía aquí tres meses de invierno. Por el mismo motivo Carlos III ordenó ampliar esta residencia, encargando a Sabatini que duplicase el palacio existente haciendo un patio igual (Borbones) al que ya existía (Austrias) y con otro más pequeño en medio para el paso de las carrozas. Los Borbones, especialmente Felipe V y Carlos III, utilizaron este palacio sistemáticamente como residencia durante los meses de enero, febrero, marzo y parte de abril. De su uso invernal deriva el encargo de importantes series de tapices; bajo Carlos III, Goya, los Bayeu y otros pintores realizaron los modelos o cartones para estas tapicerías realizadas en la madrileña Real Fábrica de Santa Bárbara. Carlos IV dejó de residir anualmente en El Pardo y mandó llevar a San Lorenzo de el Escorial varias series de paños que quedan desde entonces desunidas. Fernando VII volvió a decorar el palacio con otras tapicerías. El Palacio Real de El Pardo fue la residencia del anterior Jefe de Estado, el general Francisco Franco, hasta 1975. En la actualidad se destina a la visita turística, así como a residencia de los Jefes de Estado extranjeros de visita oficial en España.

Jardín de la Casita del Príncipe, Jardín de Palacio y Jardín y finca de La Quinta: El jardín del Palacio del Pardo fue creado por Fernando VII, pues hasta entonces solo estaba ajardinado el foso que rodea el edificio, de lo que existen curiosas descripciones del siglo XVI. La Quinta contiene el jardín aristocrático conservado más importante de la época de Felipe V, en un trazado formal influido por el estilo francés e italiano. Directa consecuencia de lo que Felipe V llevaba a cabo en La Granja, fue realizado para su Caballerizo Mayor, duque del Arco. El Jardín del Príncipe es característico del jardín neoclásico español al estilo formal italiano, en terrazas divididas con recuadros.

3. Comienza el tramo más motero de la ruta con las subidas a dos de los más famosos puertos de la sierra norte de madrid: La Morcuera y Navacerrada. Entre medias haremos una parada junto al monasterio benedictino de Santa María de El Paular y al famoso «Puente del perdón».

4. Parada en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso y paseo por sus jardines.

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Felipe V creó este Real Sitio como una obra personal y completamente nueva con el fin de retirarse, y en efecto, abdicó en 1724, pero en agosto de aquel mismo año hubo de ceñir de nuevo la corona debido a la muerte de su hijo Luis I. A partir de entonces este retiro constituyó su palacio favorito y residencia estival, uso que continuó hasta el reinado de Alfonso XIII.

Ya los reyes castellanos medievales utilizaban los pinares de Segovia como cazadero y tuvieron varios palacios en estos parajes, entre ellos el de Valsaín, reedificado por Carlos V y Felipe II pero que se incendió en 1683.

Felipe V escogió para su nuevo real sitio, cercano a Valsaín pero de nueva planta, la granja que los jerónimos del Parral (Segovia) tenían aquí y que les compró en 1720.

Encargó las obras del palacio a Teodoro Ardemans y las del jardín a René Carlier. El estilo español tradicional del primer arquitecto contrastaba con el radicalmente francés del segundo, discípulo del arquitecto de Luis XIV. Las obras avanzaron con gran rapidez, de modo que estaban concluidas en lo esencial a principios de 1724 y los reyes pudieron instalarse aquí en 1723.

Tras su vuelta al trono, Felipe V encargó ampliar tanto los jardines como el palacio, éste a cargo del arquitecto romano Andrea Procaccini.

Cuando en 1736 el arquitecto Filippo Juvarra vino a España, los reyes le encargaron una nueva fachada en el eje central del jardín, terminada ya por su discípulo Giambattista Sacchetti. El conjunto arquitectónico del palacio resulta muy italiano y de una gran densidad debido a todas estas fases construidas en tan poco tiempo.
El elemento central del edificio es la capilla real o Colegiata, construida por Ardemans y redecorada por Francisco Sabatini bajo Carlos III. Inmediato al altar mayor está el panteón real donde reposan Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio.
Aunque el palacio sufrió un devastador incendio en 1918 conserva aún casi todas las decoraciones al fresco de la época de Felipe V, destacando el dormitorio de los soberanos, según diseños de Juvarra y con pinturas de Panini.

Tan relevantes como el palacio eran para Felipe V los jardines, donde puso grandísimo empeño en el conjunto de las fuentes, de gran interés a nivel europeo, tanto por la amplitud y estado de conservación del sistema hidráulico original, aún hoy en funcionamiento, como por la ornamentación escultórica realizada por artistas franceses que habían trabajado en los palacios de Luis XIV, sobre todo en Marly. Desaparecido el Marly de Luis XIV, es La Granja el principal ejemplo de este tipo de jardín formal a la francesa con riquísima decoración escultórica.

La mayor parte de los edificios para el séquito y la urbanización del pueblo se deben a Carlos III y en su mayor parte fueron vendidos en el Sexenio Revolucionario o transferidos luego a otras entidades; cabe destacar la Fábrica de Cristales y la Casa de Infantes, pero continúan formando parte del conjunto palatino las casas de Oficios, Canónigos y Caballerizas.

Los jardines

El trazado de los jardines se debe al arquitecto francés René Carlier quien los dejó enteramente diseñados y en gran parte realizados antes de su temprana muerte en 1722. La ejecución de sus planes fue continuada bajo la dirección de los escultores René Fremin y Jean Thierry y del jardinero Esteban Boutelou, todos franceses, que consiguieron dar notable coherencia a este trazado formal característico del estilo final de Luis XIV y de la Regencia.

El jardín inicial consistía en la zona frente al palacio, hasta la calle de la Medianería, mientras que la zona de las Ocho Calles, era un pequeño parque de caza. Tras su vuelta al trono, Felipe V amplió el jardín incorporando a él las Ocho Calles y añadiendo luego más fuentes en esa área y sus inmediaciones, siendo la de Diana la última que encargó.

Las fuentes, realizadas en plomo para ser pintadas imitando bronce y mármol, y las estatuas de mármol forman el conjunto escultórico  de mayor riqueza y el mejor conservado de su época. Fremin, Thierry y Bousseau dirigieron a un equipo de escultores que llevaron a cabo entre 1720 y 1745 este escenario animado por los espectaculares juegos de agua de las fuentes.

5. Llegamos al punto final de la ruta, el poco conocido Palacio Real de Riofrío. En este palacio nos detendremos en las horas centrales del día para visitarlo por dentro y disfrutar de su entorno natural, el conocido como «Bosque de Riofrío». Allí avistaremos fauna, practicaremos un poco de senderismo y tomaremos un picnic en uno de los muchos merenderos que encontraremos.

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Esta finca era propiedad del Marqués de Paredes y empezó a ser alquilada por Felipe V y su segunda esposa Isabel de Farnesio como coto de caza. Fallecido el monarca en 1746 la reina viuda decidió comprarlo y edificar aquí un palacio por motivos diversos, desde la voluntad de tener un dominio del que fuese señora absoluta una vez separada de la Corte, hasta la intención de dotar a su hijo pequeño, don Luis, de una residencia campestre propia.

Aconsejó en ese asunto a la reina su secretario el marqués Annibale Scotti quien, aficionado a la arquitectura y poco satisfecho con el proyecto de Sachetti para el palacio real de Madrid, influyó para crear aquí una versión corregida y algo reducida de aquél. El arquitecto fue Vigilio Rabaglio, influido sin duda por el más destacado Bonavía y, desde luego, por Scotti. Las obras, iniciadas en 1751, quedaron terminadas  en 1762, pero el acceso de Carlos III al trono de España hizo que su madre, Isabel de Farnesio, volviese a representar un papel destacado en la corte y no prestase más atención a este sitio ni lo llegase a habitar nunca. Quedó incorporado al Patrimonio de la Corona por Carlos III tras el fallecimiento de la reina viuda en 1766.

Por tanto el palacio solo sirvió como pabellón de caza en el siglo XVIII y XIX y solo residieron en él personas reales durante cortos períodos en la segunda mitad del XIX, especialmente el rey consorte don Francisco de Asís y Alfonso XII cuando enviudó, correspondiendo a estas épocas la decoración interior y el mobiliario.

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Salida: Domingo 3 de abril desde Madrid a las 8:30, con idea de estar todos preparados y con los depósitos llenos a las 9:00. El punto de encuentro será el Palacio Real de Madrid, en la unión de las calles Bailén y Requena. Coordenadas: 40°25’02.1″N 3°42’47.0″W

Llegada: a Madrid, a las 18:30-19:00 aproximadamente.

Precio: Actividad gratuita y abierta tanto a socios y acompañantes como a no socios. Los únicos costes a asumir por cada asistente serán su desayuno y la entrada al Palacio de Riofrío y el Bosque de Riofrío donde haremos el picnic (4€).

Tipo de ruta: Asfáltica, apta para todo tipo de motos. 230 kilómetros con salida y llegada desde Madrid. Se recomienda llevar cámara fotográfica y prismáticos para la observación de fauna.

Requisitos: Mochila con comida y agua. Zapatos cómodos para andar (a ser posible botas).

Más información en rutas@aemotur.com. A efectos organizativos se requiere enviar un correo electrónico confirmando la asistencia a la ruta.

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